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Inorgánica Brigada Antibalas

Una orgía en Baja Fidelidad

 Civilizados con acceso a Internet, sean ustedes bienvenidos al espacio de la única Organización Secreta Revolucionaria sin fines de lucro...(aunque todos nos miran mal...muy mal!!!) 

¡Gracias por tu visita!

Lugares comunes para emprender la tarea emancipadora
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GÜLER

June 29

Acerca de la paleoizquierda "revolucionaria", y letra pa´ bailar el Mao-Mao

 
Liberales "revolucionarios" del mundo, uníos!!!
 
Hace unas semanas, mientras comíamos un asado para festejar el día del periodista, pero fundamentalmente para festejar que se murió el hijo de puta de mierda de Bernardo Neustadt, nuestro asesor Judini nos interpeló para reflexionar sobre las distintas posturas en torno al conflicto que la prensa nos presenta como "Gobierno vs. Campo" en uno de sus inventos para encubrir la realidad. Ahora que la confrontación de conceptos sobre el modelo de país se trasladó al Congreso, pasamos a una nueva etapa donde el conflicto parece ser "Golpistas vs. Democráticos". La Inorgánica Brigada Antibalas, no es neutral y estamos, a grandes rasgos, inscriptos dentro de lo que se conoce como Izquierda Nacional y como sabrán, pretendemos que el Gobierno del Estado, es decir, la Gerencia General del Casino Argentina S.A. continúe su mandato como corresponde en un proceso de recuperación institucional de la burguesía nacional.
Queremos que la Plutocracia le haga creer a mucha gente que esto es un proyecto popular...pero al mismo tiempo, la Inorgánica Brigada Antibalas apela a todos los destinatarios de este correo a seguir difundiendo nuestras ideas a través de la Red Clandestina de Militantes Anónimos (ReClaMA) para fortalecer lazos, y sumar más compañeros a la militancia revolucionaria, para unir esfuerzos entre otras organizaciones con la Coordinadora de Unidad de Militantes Populares Argentinos (CUMPA) y desarrollar en estos años previos al 2011 una alternativa política de peso, un verdadero Gobierno Popular.
 
Mientras, en el campo popular, habrá que ver oligofrénicos parásitos autodenominados "de izquierda", "revolucionarios", "progresistas",etc. Judini, cada vez más intolerante, leyó en el asado los siguientes párrafos extraídos de las "5 Tesis Filosóficas" de Mao Zedong, o Mao Tse-Tung:   
 
"Identidad, unidad, coincidencia, interpenetración, impregnación recíproca, interdependencia (o mutua dependencia para existir), interconección o cooperación -todos estos variados términos significan lo mismo y se refieren a los dos puntos siguientes: primero, la existencia de cada uno de los dos aspectos de una contradicción en el proceso de desarrollo de una cosa presupone la existencia de su contrario, y ambos aspectos coexisten en un todo único; segundo, sobre la base de determinadas condiciones, cada uno de los dos aspectos contradictorios se transforma en su contrario. Esto es lo que se entiende por Identidad"
 
"...el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como muertos, petrificados, sino como vivos, condicionales, móviles, y que se convierten el uno en el otro"
 
"Un proceso simple contiene solamente una pareja de contrarios, mientras un proceso complejo tiene más de una. Las diferentes parejas de contrarios, a su vez, se hallan en contradicción. Es así como están constituídas todas las cosas del mundo objetivo y todo el pensamiento del hombre, y de ahí su movimiento"
 
"Sólo las clases dominantes reaccionarias del pasado y del presente, y la metafísica a su servicio, no consideran los contrarios como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro, sino como muertos y petrificados, y propagan esta falacia por todas partes para engañar a las masas populares, en el intento de perpetuar su dominación"
 
"Cuando decimos que, bajo determinadas condiciones, existe la identidad de los contrarios, nos referimos a contrarios reales y concretos, y consideramos que la transformación del uno en el otro es igualmente real y concreta".
 
Con estos párrafos extraídos de las 5 Tesis Filosóficas de Mao, comprendimos como el Partido Cerealista Reaccionario (PCR), puede sostener una postura afín a la Oligarquía terrateniente nacional y al mismo tiempo, a través de su herramienta política universitaria, la Agrupación de Lumpenes Disfrazados de Estudiantes (ALDE) estos oscuros tipitos conducen asambleas contra el "lock-out patronal de los docentes universitarios", en humanidades...
También comprendimos cómo la Confederación Cerealista Conservadora (CCC) y sus acampes, sostenido por personas-rehenes, pretenden acceder a los bienes de la propiedad privada de la clase media oligofrénica...
 
¿Cómo hacen para apoyar el lock-out patronal de la Suciedad Rural y combatir el lock-out patronal Universitario?
 
Fácil: su objetivo primordial, es seguir manteniendo las condiciones de inestabilidad democrática para deslegitimar al Gobierno del Estado, que ejecute en la Universidad, en las calles, en los acampes, etc., las directivas de la derecha nacional, que aliada a intereses foráneos sólo puede llevar adelante su programa político y sus negocios en la inestabilidad...al menos que Duhalde vuelva al Poder.
Es decir, el Partido Cerealista Reaccionario (PCR) es funcional a la misma derecha nacional que a través de Duhalde, quiere seguir exportando soja a la República Popular China, que en su apertura al capitalismo...slurp! necesita recursos naturales como nunca...slurp!, de ahí, que ser maoísta y de Duhalde...es un negocio redondo!!!
 
¿Será muy caro alquilar el Luna Park? ¿aceptarán agro-dólares o yens? ¿habrá que solicitar permisos a la gestión Macri para eventos multitudinarios?
 
Ahhh, slurp, slurp! hay que combatir al Gobierno para sostener el modelo agro-exportador tradicional y en caso de violencia, seguro irán a las armas, y por tres tiros a un peso, la "revolución" será un buen negocio, porque la guita es miel...mieeeel...dulce e inagotable miel!!   
 
                                                       En este frío invierno liberal,
                                                   Un cálido abrazo revolucionario
                                                             El Negro Berenjena       
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El país  |  Sábado, 28 de Junio de 2008
La polémica en torno de las retenciones a las exportaciones al agro y las intenciones políticas

La izquierda frente a la crisis

El dirigente trotskista Christian Castillo cuestiona la aplicación de las retenciones y sostiene que, en realidad, apuntan al pago de la deuda externa y no a la redistribución del ingreso. El sociólogo Mario Toer lamenta la visión antipopular del trotskismo.

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"Campos" que no son los nuestros

Por Christian Castillo *

El envío al Congreso del proyecto de retenciones móviles no es un "avance democrático", como pretenden tanto las patronales ruralistas como el gobierno nacional, sino simplemente un nuevo escenario en donde dos sectores igualmente capitalistas dirimirán el destino de los recursos obtenidos por las exportaciones agrarias. Nada bueno de estas negociaciones pueden esperar los trabajadores y el pueblo. Allí no se discute siquiera la anulación de la ley 22.248 sancionada por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy, que permite la superexplotación del peón rural. Tampoco la expropiación de los 4000 grandes propietarios que sumados poseen ochenta y cuatro millones de hectáreas (sí, leyó bien, 84.000.000), la mitad de las tierras utilizables para agricultura y ganadería que existen en el país. Y, menos que menos, la nacionalización de los puertos y el monopolio del comercio exterior, que permitiría utilizar para satisfacer las necesidades populares las ganancias multimillonarias de los oligopolios exportadores como Cargill, Bunge o Dreyfus.

La belicosidad expresada en estos más de cien días por los ruralistas va más allá de la disputa por unos puntos más o menos de retenciones. Si bien éstas dan cuenta tan sólo de un 13 por ciento de la recaudación total —que mayoritariamente proviene de impuestos al consumo como el IVA, es decir, del bolsillo obrero y popular– y el porcentaje de lo producido por el campo en el conjunto del PBI es relativamente menor, la dinámica ascendente de las exportaciones del sector en los últimos años ha potenciado la fuerza relativa de la gran burguesía agraria, resultado que también se explica por el proceso de "reprimarización" vivido en la década de los '90 y no modificado en lo sustancial en estos años. Esta fracción capitalista quiere lograr no sólo mantener (y si fuese posible aumentar) la alta rentabilidad obtenida en los últimos años, sino ganar un lugar de mayor predominio al interior de la clase burguesa, cuando el esquema económico que rige desde la devaluación empieza a mostrar sus debilidades, y esto en el marco de desarrollo de una crisis capitalista internacional con futuro incierto. Lamentablemente, una parte de la izquierda le ha hecho de comparsa a este sector, mostrando una pérdida completa de rumbo.

El Gobierno, por su parte, no impulsó las retenciones móviles para defender el bolsillo de los trabajadores o para impedir la continuidad de las tendencias al monocultivo sojero. Recurrió a este mecanismo como una fuente de recursos para "redistribuir" a favor esencialmente de los grandes industriales exportadores y otros grupos de capitalistas aliados al Gobierno (los beneficiarios de las "argentinizaciones"), así como para el pago de deuda externa. El propio decreto sancionado el 9 de junio por el Gobierno, que plantea que el dinero obtenido en concepto de retenciones a la soja por arriba del 35 por ciento se destinará para la construcción de hospitales, escuelas y caminos, es toda una confesión de que el resto de lo recaudado no se utiliza para resolver las penurias y necesidades del pueblo, sino para pagar la deuda externa y seguir subsidiando a los grandes capitalistas, ¿o acaso durante los cinco años que van de gobierno de los Kirchner no se continuó desarrollando la concentración de la producción agraria, proceso que, entre otras cuestiones, implicó la expulsión de miles de familias –algunos dicen que llegarían a 300.000 en la última década– de campesinos (gran parte de ellos pertenecientes a los pueblos originarios) que sembraban alimentos y criaban animales para autoconsumo? Al contrario de lo que afirman los intelectuales que apoyan al Gobierno (que con el argumento de enfrentar a una "nueva derecha" son, en realidad, predicadores de lo que Gramsci denominaba un nuevo conformismo), los Kirchner vienen apelando a la retórica "nacional y popular" de la "distribución del ingreso" para hacer pasar un programa reaccionario. En estos años, mientras los capitalistas recuperaron fuertemente sus ganancias, el salario obrero apenas llegó a los niveles ya bajos del 2001. Las luchas de los trabajadores que, enfrentando despidos y provocaciones patronales, salieron del control de las direcciones burocráticas aliadas al Gobierno terminaron con fuertes represiones y trabajadores procesados, como ocurrió este verano en el Casino Flotante (del empresario kirchnerista Cristóbal López) o en la textil Mafissa, donde los obreros fueron desalojados en un operativo con más de 700 policías. Ahora, con el lema de "queremos volver a recuperar la normalidad institucional", el Gobierno utiliza el antipopular lockout empresario y el desabastecimiento para impugnar todo método de lucha extraparlamentaria y el recurso a la acción directa, ya sea que tengan objetivos reaccionarios, como ocurre con las patronales agrarias, o que sean utilizados por los trabajadores y sectores populares por sus legítimas demandas: "Nada se arregla con cortes de ruta" es el nuevo discurso oficial. Los que se llegaron a presentar como herederos de la rebelión del 2001 quieren restaurar ahora el principio según el cual no habría que haber reclamado en las calles que se vayan De la Rúa y Cavallo, y sólo se podía esperar a las próximas elecciones para reemplazarlos.

Los "campos" que están enfrentados no son los nuestros. Frente a la disputa entre dos sectores de "los de arriba" es preciso insistir en la importancia de mantener una posición independiente de ambos bloques capitalistas: "Ni con el Gobierno ni con las entidades patronales 'del campo'", como dice la declaración que suscribimos alrededor de 500 intelectuales, docentes universitarios y trabajadores de la cultura. Como ha mostrado toda la experiencia política reciente, la apuesta a los "males menores" sólo ha servido para abrir la puerta a "males mayores". Para que el deterioro de un gobierno (que nuevamente ha mostrado la completa imposibilidad de la "burguesía nacional" para sacar al país del atraso y la dependencia) no sea aprovechado por otras variantes de la clase dominante, no hay otra salida que poner todas las energías en el desarrollo de una alternativa propia de la clase trabajadora. Manos a la obra.

* Dirigente Nacional del PTS. Sociólogo, docente de la UBA y la UNLP.


Troskos eran los de antes...

Por Mario Toer *

Por más que haya sido escasa nuestra afinidad con el perseverante mundo del trotskismo, no deja de provocarnos cierta añoranza el espectáculo que hoy ofrecen las variantes que componen este polifacético mundillo que recorre la extravagancia y el grotesco.

En otros tiempos, Nahuel Moreno hacía esfuerzos por encontrar espacios que permitiesen acercarse al proletariado peronista en los sindicatos para compartir sus experiencias, y el "Colorado" Ramos hurgaba en los escritos del fundador de la corriente para encontrar razones que permitiesen el acompañamiento a los nacionalistas en las condiciones de sometimiento al Imperio. Ni qué hablar del legendario Posadas, que nunca se desprendió de su mística de tribuna de cuando lucía la camiseta roja de los "bichos colorados" y alentó el acompañamiento de diversas experiencias populares, de Salvador Allende en adelante.

Las siete u ocho organizaciones de este tenor que hoy pueden contabilizarse en nuestro medio (carezco de información si ha aumentado su número con nuevas escisiones en el último fin de semana) han protagonizado casi todas imprevistas peripecias ante la irrupción de la lucha de clases en la versión intensa de los últimos cien días. No fueron los únicos sorprendidos, estamos en claro, pero sin duda han sido de los más creativos en la circunstancia. Después de un par de semanas de estupor, reunidos sus respectivos comités centrales, fuimos encontrando posturas lo suficientemente diferentes como para que no hubiera posibilidad alguna de coincidencia, ni por accidente, como corresponde. Quienes obtuvieron sin duda el mayor destaque, por lejos, fueron las huestes del MST que, haciendo caso omiso de la desconfianza que el campesinado producía en el padre fundador, se sumaron decididamente a la rebelión de los kulaks intentando desgastar por este medio a la zarina Cristina. La televisión mostró, en un alarde de oportunidad sublime, a su principal dirigente en primera fila al lado de Nito Artaza en la marcha de las cacerolas de teflón hacia el Congreso (bah, la Duma), en un verdadero paso de Comedia. Tampoco se sintieron intimidados por la compañía del proverbial estalinismo de las huestes del PCR, más coherente con sus ancestros, que desde el Yunan entrerriano pretende resistir la invasión del imperialismo... chino.

Pero no se vaya a creer que aquí concluyen los pináculos de la creatividad desplegada en estos días. Para capturar el centro de la escena, el Partido Obrero ha reiterado que no está ni con unos ni con otros, sino todo lo contrario. De este modo ha empapelado un par de facultades y algunas calles céntricas con carteles que dicen: "Ni con el golpe, ni con el autogolpe". El golpismo, por cierto, estaría representado por las huestes de la Sociedad Rural, CRA, FAA, Coninagro, el MST, el PCR y Castells, mientras que el autogolpe consistiría en la convocatoria por parte del Gobierno de un plebiscito... (como cualquier lector ya lo debe haber imaginado).

Lo triste es que tanto dislate sea convocado en nombre de causas justas y convoque, por un tiempo, a jóvenes justamente impacientes con la sociedad soberanamente injusta que vivimos. Inevitablemente este despliegue contribuye a la confusión y resta energía a la necesaria resistencia ante el reagrupamiento de la derecha en nuestro país y otros países hermanos de la región. Quienes llevan a cabo estas desconcertantes cabriolas semánticas insisten en intentar hacer coincidir la diversidad del fluir de lo real en sus anquilosados moldes de pasadas epopeyas olvidando la frase preferida del autor de El Capital, expresada en el Fausto por su compatriota Johann Wolfgang von Goethe: "Toda teoría es gris, querido amigo, y verde es el dorado árbol de la vida". Lo que no quiere decir, por el contrario, que no haya que sacar enseñanzas de las experiencias de los pueblos, al menos para no llevarse por delante, otra vez, la misma piedra.

Para pasar a la historia, mis amigos, hay que tratar de ser un poquito más sencillos, y en una de ésas, algún Lenin en cierne los convoca en las vísperas.

* Profesor titular de Política Latinoamericana, Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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Contra el Imperialismo y la hipocresía!!!

Sumáte a la Inorgánica Brigada Antibalas, una orgía en Baja Fidelidad

 



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En esta Guerra en Baja Intensidad
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entrá en http://inorganicabrigadaantibal.spaces.live.com/
June 07

Reflexiones inorgánicas -(Noticia enviada por El Negro Morfeo)


 
Reflexiones Inorgánicas e incendiarias
 
El Negro Morfeo, Poxy-Roll, Hormiga Light, Tumberito y El Negro Berenjena, componen la Inorgánica Brigada Antibalas.
 
Todos ellos salieron del riñón de Judini, porque en ésta época vacía de relatos y motivos genuinos por qué luchar, todos salen del riñón de otro...y allí radica el principal problema...
 
Cientos de experiencias progresistas, rebeldes y revolucionarias, terminan orbitando en viejas formas de hacer política y los referentes de esas luchas y esos procesos emancipatorios, terminan en el riñón de algún caudillito con cierto poder...
 
Judini, que hace meses se encuentra encerrado en una habitación y sólo sale para hacer asados y adoctrinar, les baja línea de acción política a sus súbditos a través de impersonales mensajes de texto...
 
Queridos conciudadanos cómodos, la bastardeada palabra Revolución es sólo eso...una palabra vaciada de contenido...la Revolución no la van a hacer intelectuales de café...tampoco la van a hacer obreros organizados, ni estudiantes combativos...tampoco la llevarán adelante excluídos sociales, puesto que pelean para ser incluídos en el perverso sistema que los pretende eliminar...bah, nadie hará ninguna Revolución, porque, entre otras cosas, quienes enarbolan las banderas emancipatorias...no ven más allá de sus propios intereses sectarios, personales, y nadie está dispuesto a ceder un ápice sus propios intereses...a lo sumo, surgirán ciertos referentes con futuros prometedores y carreras en ascenso...como siempre fué, y como siempre será.
 
Pero al menos, la Inorgánica Brigada Antibalas, tiene una certeza: ser un militante revolucionario, rentado o no, es un trabajo digno como cualquier otro...y permite, además, negar en hechos concretos, todo lo miserable y necio que somos...
 
                                      Hasta la Victoria´s Secret!!!
                                       El Negro Berenjena...
 
 
Debate entre los intelectuales por el conflicto agrario

De populistas y liberales

Entre las diversas discusiones que generó, la Carta Abierta/1 firmada por más de 1300 personas vinculadas con la cultura recibió una crítica réplica del sociólogo e investigador Vicente Palermo. El también sociólogo y profesor de la UBA Horacio González le respondió. Aquí se publican ambos textos.

El mecanismo de la sustracción

Por Horacio González *

La verdad, me gustaría pensar como Tito Palermo, apreciado amigo de otras épocas y que nunca ha cesado en mi estima. Valoro su reflexión persistente, la tarea que se ha atribuido para combatir a favor del buen argumento, de la correcta razón de tolerancia, de la responsabilidad sin rarezas ni paradojas. Tito es un liberal y nada de eso me incomoda. Ciertos aspectos del liberalismo me parecen atractivos; por ejemplo, su estilo sustractivo para resolver conflictos. Si se presenta una falla real, un inconveniente en la armonía de las cosas, el liberal sustrae. Ante un problema donde está en juego la cuestión nacional, el liberal pide sustracción del nacionalismo. Queda pues el lado liberal del problema, un nacionalismo sin nación. Eso soluciona el conflicto, el restar del problema su condición de tal. Queda su osatura mínima. Sustraído el nacionalismo de la nación, queda en pie un árbol institucional, enjuto, la racionalidad en sí misma. Si el problema es una efusión política que parece carente de cimientos previsibles, hay que restar el voluntarismo. Queda nuevamente un hueso duro de la acción, el sí mismo de una institución clara y distinta. Si se avecinan enfrentamientos que sin duda hay que definir con lenguajes precisos –los que usamos en la Carta Abierta/1 pretenden serlo, pero están sometidos, como todo, a revisión y querella–, Tito también sustrae. En este caso, sustrae "el tiempo más o menos épico". Sin épica –habrá que definir mejor lo que eso implica– la política queda convertida en una adecuación constante entre enunciados y resultados. Sin brecha, desajuste o descompás. Se sustraen elementos perturbadores de una reflexión a fin de hacerla perfecta, descarnada, lineal. Tito: definís tu fastidio por toda política de "voluntad triunfal" que no tenga en cuenta "los resultados de esa acción". Es decir, nada de "ética de la convicción", como un célebre conferenciante les infirió a los estudiantes alemanes de 1919. Nuevamente, la sustracción. ¿Qué se sustrae aquí? Todo lo que tenga que ver con una incoincidencia entre lo que se enuncia como rasgo real del carácter de lo político –su inevitable incompletud–, y los resultados efectivos, que suelen ser rebeldes a la previsión, pues pueden desmentir el punto de partida inicial, o bien pueden enriquecerlo, o si no mostrar que se trataba de una ilusión catastrófica. ¿Pero podemos saberlo antes? El liberal es el que sustrae. Sustrae la voluntad, pero no dice que sustrae la conciencia realizadora, sustrae la épica, pero no dice que sustrae el sino paradojal de la acción entre lo público y lo larvado en la actividad colectiva. Dice sustraer la moral populista –la propensión a ver el "mal" en los adversarios al fin de cuentas producidos por los errores propios–, pero en realidad sustrae la política.

Dije antes que ciertos aspectos del liberalismo son interesantes. Precisamente, el mecanismo crítico de la sustracción, encarna el método liberal. Todos lo usamos. Pensar una dificultad es un ejercicio de diferencia, extracción o despeje de alguno de los términos del problema. Un "ingrediente liberal" hay en cualquier tipo de razonamiento político. Eso lleva también a cierto estilo polémico, lo que ya me gusta menos. El de Tito es así: con ustedes puedo debatir, conozco a muchos de los firmantes de la carta y los creo bastante sinceros (proposición), pero en verdad están totalmente equivocados, son populistas, mitológicos, voluntaristas y reducen la vida política a una contradicción entre el bien y el mal (sustracción). Pobre dialéctica esa, que es la misma que ve, erradamente, en lo que llama "populismo". La describe cuando afirma que hay un tipo de conflicto del que "el peronismo no se sabe sustraer". Se trata del conflicto que tiene una parte "moral" en donde se expresa el "voluntarismo" y otra parte "torva" donde se llama a la "conciliación". Amigo Tito, viejo compañero, con qué facilidad nos llamás a que sustraigamos de la política el corazón mismo de lo político. Con qué desprecio nos tratás después de decir que nos "respetabas". ¿Por qué no revisás los dos momentos de tu propio pensamiento, esa "moral" liberal no menos binaria y la "conciliación" de lo político en una insignificante transparencia, una vez que le sacaste todo? Sí, no me molesta el método liberal de sustraer para pensar, para proponerle intersticios a la política. Me molesta el liberalismo "esencialista" –te devuelvo un poco del ungüento que le habrás aplicado a otros– que confunde un método válido con un veredicto inmovilizante sobre la política, descontaminada de todo vínculo con sus descompases, sus cismas incesantes. Finalmente tu escrito, dictado por tu festejable voluntad polémica –es un resto "voluntarista" que quizás deberías revisar para hacer de tu liberalismo, al fin, sinónimo de política neutra, inodora, insípida– termina echándole toda la culpa al Gobierno, por ser obediente a aquel mecanismo de "voluntarismo y fracaso". Esquema moral, también. Dicotomía pobrecita. Lo cierto, Tito, es que el Gobierno ha cometido una cierta cantidad de errores, bastantes, quizá muchos, que acaso quepan en una formación entera de un tren bala. Pero no se lo ataca por eso, que podría ser corregido, revisto, o en el caso de su política "balística", acompañado ya por la real reconstrucción del sistema ferroviario. No digo que, personalmente, me gusten los giros y ensueños neodesarrollistas. Pero los ataques provienen de la observación crítica que se hace no contra las modernizaciones a la "Puerto Madero", que nadie en el país, salvo nosotros, criticamos. Sino que se lo ataca por lo que de él se ha visto, por lo que de él se intuye, en relación con la diferencia de lenguaje político y social que ha establecido. Desdeñosamente se lo acusa de "cooptación" por tomar y asumir cuestiones de interpretación de la historia reciente y pasada que abren las puertas de una reconstrucción de lo político. Ya ves, Tito. Cuando se dice "cooptación", es decir, usurpación de los temas de la reparación social, estamos en el punto contrario a la sustracción. El liberal sustrae, el cooptador agrega. Agrega al otro que ha embelesado. El liberal ve cooptación por todas partes. Como sólo intenta desagregar, se expone así a descalabrar el lenguaje con el que habla. Y el lenguaje es a la vez agregativo y sustractivo. Constituye y destituye. La lengua liberal, históricamente, en sus grandes maestros, fue destituyente, lo que en la memoria histórica del mundo moderno, resultó en grandes realizaciones contra los absolutismos. Pasada la edad gloriosa, queda su propio mito, sobre el que no le es dado reflexionar acabadamente, y remedando su ilusión fundadora, parodia de sí misma, se torna "antipopulista" para no verse en el espejo derivativo de los varios reaccionarismos mundiales. He allí la cuestión "destituyente". No que haya golpe, pero es imposible negar que hay un movimiento generalizado de degradación y arrasamiento de la voz pública, de naturaleza implícita, no registrada en la superficie de los enunciados sino en el coletazo semántico que le sigue como injuria –ver la modalidad habitual del "comentario participativo" en los diarios, en su edición electrónica, sustituyendo la vieja carta de lectores firmada por un campeonato descalificador, emitiendo botellazos y escupidas de a miles–, que no es una mera oposición, sino una acción basada en el detritus del lenguaje, en construcciones anónimas, advertencias profetizantes que mencionan la sangre para decir, obvio, que no se la quiere, en fin, la extenuación última del lenguaje político común, antesala de la corrosión de la institución pública. Para decir todo eso se puede invocar al liberalismo o a Hannah Arendt. Para los vertiginosos lectores de solapa, tanto da.

Bueno, Tito, me despido, agradeciendo tu carta. La polémica, si atinada, hace revivir a los escritos. Tenés razón en molestarte por el énfasis "legendario" que tienen ciertos pensamientos políticos. Por ejemplo, leo en el diario que Kirchner en San Juan habló, para atacar a la oposición, de una "nueva Unión Democrática". Ya sé: no supo sustraer el voluntarismo, el populismo, la mitología, el chicanerismo, el laclauismo, el significantevacioísmo, el avivatoísmo –como quien esgrimiría una cuestión de derechos humanos para hacer pasar la bala del tren y tantas cosas más–. Pero pensá que, si en lugar de esas rápidas acuarelas emanadas de una grave situación cuya descripción nueva no es fácil para nadie, si tuviéramos tu lenguaje despojado, sustraído, robado de toda historicidad, nos tendríamos que despedir de la pasión intrínseca al pensamiento político, que supone una explicación inmediata tomada del bastidor antiguo y la esperanza de restituirla luego de un modo más singular, redescribiendo más sugerentemente las contraposiciones reales, pero ahora sin perder la pepita de oro de la vida política y de la vida en general, es decir, "la alegría que se escapa entrelíneas". No te gusta eso, pero voy a contribuir un poco a sacarte de tu ilusión liberal –aunque ciertos aspectos de ese "método", ya dije, no me disgustan–. En tu carta, para decir que nos concedés un argumento, empleás la expresión "puedo darles de barato". Me gustó. Tu estadía en Brasil. Y la mía. Este modismo, que no hay por qué no usar en nuestra lengua habitual, pues es común aunque acá en desuso, me recordó el destino de nuestros textos. En ellos sí no somos los liberales de la sustracción de lo que por descuido o elegancia –lo que es casi lo mismo– se cuela en nuestra vida de los tramos anteriores ya vividos. Los arrastramos sin desprendernos de ellos, son como nuestra condenable "unión democrática", y resurge en entrelíneas, se nos escapa, revelando que podemos ser liberales en el método e iliberales cuando balbuceamos en temas de la razón histórica. Eso, Tito, te lo doy de barato, o sea, te lo cedo sin más, ni importa por qué, de amigo nomás.

* Sociólogo (UBA), director de la Biblioteca Nacional.


A los firmantes de la Carta Abierta/1

Por Vicente Palermo *

Escribo esta carta porque los respeto y considero valioso y políticamente promisorio discutir con ustedes. No me interesa discutir con Mariano Grondona, ni hacer la vivisección de Alfredo De Angeli, a quien conozco de naranjo en sus pasos no menos desatinados que los de ahora como protestador rural, como activista del movimiento ambiental de Gualeguaychú que el gobierno nacional respaldó sin cortapisas en sus objetivos absurdos, diagnósticos tremendistas y metodologías "iliberales" (cría cuervos que te sacarán los ojos). Los respeto por las trayectorias comunes que tengo con muchos de ustedes, y porque convocan a la discusión. Quien escribe y dice lo que quiere ha de leer y escuchar quizás lo que no quiere.

Ustedes dicen que desde 2003 la política ha vuelto a ocupar un lugar central en la Argentina. Aunque no coincido con las visiones que sostienen que la política se allanó, en América del Sur en general, y hasta la nueva ola de gobiernos que ustedes mencionan, a la voluntad de los "discursos hegemónicos", el "pensamiento único" y el poder de los mercados, sí creo que, emblemáticamente, la experiencia de la Alianza se podría leer como la defección trágica de la política. Puedo darles de barato que así haya sido, lo que de paso me facilita las cosas para una primera crítica a mis propias posiciones pasadas, ya que acompañé al Frepaso y la Alianza mucho más que la mayoría de ustedes. En ese sentido, no les falta razón: la gestión K (aunque omiten a otros protagonistas de este mismo cambio, iniciado con Duhalde) representa una restitución del lugar de lo político. Tras la debacle de la convertibilidad y el derrumbe económico, social y político, muchos estábamos tan abrumados por el fracaso de la experiencia de la Alianza que nuestro diagnóstico acerca de lo posible no incluía algunas de las decisiones más importantes que en materia político-económica tomaron Duhalde-Remes-Lavagna y Kirchner-Lavagna. Hubo en ellas política, y política acertada; mérito conspicuo que hay que reconocer.

El problema es que la voluntad política, o la restitución para la política del lugar que le corresponde, se ha convertido, casi desde un principio de las gestiones K, en el triunfo de la voluntad. Diría que esa concepción define un talante para encarar la política, consistente en la más absurda exaltación de la voluntad y la más ciega fe en "nuestra" capacidad de usar de modo virtuoso el poder. Según este talante la voluntad política es condición necesaria y suficiente para todo cuanto importa. Y la virtud se da por descontada. Pero la historia es un cementerio de experiencias en las que triunfos iniciales de la voluntad son seguidos por derrotas y desastres catastróficos. Este, y no otro, es el núcleo duro del llamado "setentismo". Con voluntad política todo se puede: hacer una política macroeconómica inconsistente, mantener un comportamiento de compadrito en el contexto internacional, decidir que la Argentina precisa un tren bala, disponer que los agentes económicos se avengan a ser desplumados sin chistar. Claro, para esto hace falta dinero, pero, principalmente, hace falta, populismo político. Tanto populismo como el necesario para cubrir la diferencia entre la voluntad política triunfal en acción y sus resultados. Tanto populismo como rebeldes sean los precios, los intereses y otros malvados de la vida. Cuanto más rechina la maquinaria de la voluntad política en acción más populismo es necesario.

Y esto, ¿qué tiene de inconveniente? Para los K parecería que nada, dan la impresión de que no entendieron mal, sino demasiado bien, a Laclau. ¿Qué tiene de inconveniente que el choque de la voluntad política triunfante con los malvados de la vida nos obligue a denunciar a los malvados de la vida por oligarcas, golpistas, antidemocráticos, desestabilizadores, destituyentes? Ese es el tipo de conflicto político del que el peronismo tarde o temprano no se sabe sustraer: un conflicto moral, entre buenos y malos, pueblo y antipueblo, nación y antinación.

La voluntad política triunfante precisa inevitablemente (con la convicción de que precisa de ello para acabar por triunfar para siempre) reconstituir en términos populistas conflictos de intereses que son, como en cualquier país del mundo, hechos malvados de la vida. Y que podrían ser procesados políticamente de muy diferentes maneras. "Asistimos en nuestro país –comienza vuestra carta– a una dura confrontación entre sectores... históricamente dominantes y un gobierno democrático...". No creo abusar del texto afirmando que la alegría se les escapa entrelíneas.

"¡Por fin!", me parece leer, "el tipo de conflictos por los que la lucha política vale la pena". Pero, ¿"se ha instalado un clima destituyente"? No lo creo; pero, ¿a quién le cabría la principal responsabilidad por ello? ¿Quién hizo todo lo necesario para "dar lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre... y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional"? El propio gobierno con el que ustedes se alinean. Y ¿por qué lo hizo? ¿Porque "intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía"? Creo que cualquier examen serio de los acontecimientos refuta esta interpretación palmariamente. Si el Gobierno se ve hoy frente a este cuadro, no es en razón de sus buenas intenciones sino, o bien por sus graves errores, o bien por decisiones de productividad política populista que no son errores, sino resultados de sus convicciones políticas y normativas.

Lo peor es que estamos retrocediendo nuevamente, a pasos agigantados, en el camino que nos lleve "hacia horizontes de más justicia y mayor equidad". Los platos rotos del desastre no los van a pagar los malvados de la vida ni los buenos del triunfo de la voluntad. Agregan ustedes que "en la actual confrontación... juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados". No voy a defender a esos medios, y ciertamente hubo "distorsión", "prejuicio", "racismo", etc. Pero vuestra afirmación de que los medios concentrados han tenido un papel determinante en la configuración de los términos del conflicto me suena fantasiosa, conspiracionista y hasta paranoica. Claro, la reacción de los grandes medios ante la actividad de un observatorio será siempre dura (y el documento del observatorio universitario tiene aciertos muy meritorios); y la discusión pública, abierta, plural, y alejada del oficialismo, del papel de los medios, es indispensable. Pero la historia de un gobierno que movido por un valiente impulso de llevar a cabo reformas distributivas y mejorar los modos de intervención estatal en la esfera pública (va una chicana: ¿se refieren al Indec?, ¿a la política tributaria?, ¿a la gestión de los recursos fiscales?, ¿a los mimos a sectores económicos también muy concentrados?, ¿a las regulaciones que beneficiaron a grandes medios de comunicación?), sufre, en virtud de ello, la dura confrontación de los sectores históricamente dominantes, confrontación en la que a su vez juegan un papel fundamental los medios, parece un relato extraído de un vetusto manual del peronismo histórico, y no una explicación verosímil de los acontecimientos.

En todo caso, no parecen ustedes haberse esforzado demasiado para diseñar o mejorar los fundamentos de una estrategia política responsable, una estrategia que permita avanzar hacia "horizontes de más justicia y equidad" en lugar de arremeter hacia fracasos tras los cuales ni ustedes ni yo estaremos entre los principales perjudicados –i.e., los pobres y los excluidos–.

Ustedes no me parecen esta vez muy coherentes. Dicen que es necesario "discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular". Pero, ¿adónde están la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios? Veo en vuestras líneas otra cosa: un entusiasmo algo rabioso por el re-advenimiento de un tiempo más o menos épico. Es más, se trataría de introducir premura: "Uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluido el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una política a la altura de los desafíos de esta época, que tenga como horizonte lo político emancipatorio"; y "creemos indispensable señalar los límites y retrasos del Gobierno en aplicar políticas redistributivas de clara reforma social". Creo que se han hecho un embrollo –ahora ven un gobierno retrasado en aquello que, antes dijeron, habría sido el disparador de la, según ustedes, más gigantesca coalición reactiva de la que se tenga memoria en Argentina desde 1976–.

Me tomo vuestras recomendaciones de política en serio y me imagino en los zapatos de Cristina Fernández, o de Lula, asumiendo esa "urgente tarea" y no me veo nada bien equipado. Critican ustedes "las políticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanos". Curioso, ¡el caso del conflicto que nos ocupa es un excelente ejemplo! Pero antes habían aludido a él hablando de "derechos [del Ejecutivo] y poder político constitucional [del Ejecutivo] para efectivizar sus programas de acción" (inconstitucional tal vez no sea, pero me parece un pelín alevoso referirse a la definición de una política tributaria de primer orden nacional, a través de una simple resolución ministerial, posibilitada por el otorgamiento de facultades extraordinariamente extraordinarias al Poder Ejecutivo por el Congreso, en una materia en el que la constitución dice taxativamente que el Ejecutivo no puede legislar ni siquiera bajo aducidos imperativos de necesidad y urgencia).

Me pregunto qué tipo de conflictos se habrían suscitado y qué tipo de actores en conflicto se habrían constituido si, en lugar de anunciar el Gobierno las retenciones móviles, hubiera enviado al Parlamento un proyecto de ley de renta potencial de la tierra que permitiera reemplazar gradualmente las retenciones, junto a un programa de coparticipación impositiva que estableciera para los sectores productivos medianos y pequeños la esperanza de que parte importante de sus impuestos contribuya a mejorar la productividad sistémica de sus regiones y de la economía argentina en general.

No ha sido por "instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción política" que los sectores concentrados han logrado el respaldo activo de actores sociales que hasta hace poco resultaba impensable que lograran y que el Gobierno ve desfondarse su popularidad.

Llaman ustedes a la creación de un espacio político plural de debate que reúna y permita actuar colectivamente. Asumo de buena fe que el espacio político plural en el que están pensando incluye la controversia franca y abierta y no el silencio.

* Sociólogo (UBA/Conicet).

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